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La función de los problemas

Sin duda alguna en esta vida habrá cosas que no verán nuestros ojos, pero los problemas, no serán una de ellas, mientras estemos en pleno uso de nuestras facultades, y desde el momento mismo de salir del vientre de nuestra madre, a partir de ahí empezamos el camino de los problemas.

Lo platicábamos en aquella hermosa edición, autoterapia para resolver problemas, como es que debemos aprender a entender los problemas desde una nueva perspectiva, normalizarlos, y más aún, como un signo de nuestra capacidad.

La palabra problema proviene del latín, del verbo proballein, compuesto por los prefijos pro=ir delante y ballein= arrojar con fuerza. Desde este punto de vista, un problema es un reto. Un reto es como una prueba, y hasta donde sabemos, no hay prueba sin preparación previa.

Los problemas no son algo personal, eso deberían saberlo quienes se deprimen, se angustian o se desesperan. La vida en sí misma es ya retadora, y si estás leyendo esto es porque entonces, has ganado. Con tus pérdidas parciales, pero vivo estas.

Vivir es estar en constante exposición a los cambios, es lo único seguro. La inteligencia tiene que ver con el grado de adaptación y aún más, con la creatividad para salir avante ante esos planteamientos negros de la vida.

Los problemas son necesarios para probar nuestro nivel de madurez y nuestra capacidad. Son necesarios para medir nuestro aprendizaje y nuestro valor.

Qué sería de la humanidad sin retos que la orillen a mejorar sus condiciones. Los problemas son el puente que nos lleva al otro lado de nuestras propias capacidades, a un más allá de lo que creíamos posible.

No todo lo que nos pasa es problema. Si alguien ve todo lo que le sucede como un problema, entonces el problema está en su forma de ver la vida y necesita ayuda psicológica.

Pero si debemos aceptar que muchos problemas vendrán incluidos en el paquete que llamamos vida. Aceptarlo nos llena de calma, y más serenos quedamos aun, cuando sabemos que los problemas que vendrán, no serán sin antes desarrollar las capacidades para enfrentarlos.

Un ejemplo clarísimo: un niño de dos años no se preocupa por ganar un sueldo, pero sí por controlar esfínteres. Así en la vida, cada quien verá su reto como gigante, pero debemos observar no el reto sino nuestras capacidades, que también son gigantes cuando hacemos uso de ellas.

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