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Sobre la flojera

La flojera es un concepto de manejo común y también es muy común que por esta causa las personas se autogeneren problemas, siendo incapaces de reconocerlo hasta cierto punto, y desarrollen un patrón de respuesta como pretextos y una vida de autoengaño, culpando a otros por las desgracias que les suceden. (Cuando una persona no reconoce que es floja, culpará a sus padres, a su jefe, al gobierno, a la suerte, al destino, sin tomar responsabilidad).

La flojera es algo que todos experimentamos alguna vez, y que no hay mayor problema con ella, pero que se vuelve problemática cuando se vuelve recurrente. El problema no es sentirla, sino dejar que nos gobierne.

La flojera se siente como un desgano, como un impulso de no hacer lo que nos toca (y hacer cualquier otra cosa, o nada), a veces es una manera de evadir las responsabilidades; se siente una falta de motivación y hasta el cuerpo, los músculos, se tornan flácidos. Puede haber apatía por alguna actividad en específica o generalizada, es también una actitud interna. Se asocia a la apatía, a la negligencia, al desorden, a la depresión y a la distracción constante.

La flojera afecta la vida de quien la padece, empezando por una vida desordenada (material o internamente hablando), favoreciendo el estrés, incumplimiento de actividades laborales o familiares que forman parte de su rol, el autoconcepto puede ser afectado de manera muy negativa, se pone en riesgo la salud, se generan conflictos con otras personas, se pierden oportunidades y cuando hay hijos, se les moldea a ser igual.

Para superar la flojera crónica la persona debe buscar ayuda,  tanto médica como psicológica, pues se debe examinar la etiología de la misma, y sobre todo, hacer un tratamiento efectivo.

Fisiológicamente se deben descartar problemas glandulares y de nutrición; psicológicamente, se sondean problemas de depresión, interacción, o manejo inadecuado de la emoción y la conducta.

La aportación psicológica se centraría en el diagnóstico oportuno y una intervención adecuada al caso, siendo las siguientes las principales: el manejo emocional, la reestructuración cognitiva, y a nivel conductual e interaccional. La persona recuperaría la capacidad para tomar las riendas de su vida sin importar si estamos hablando de un adolescente o un adulto.

Los beneficios de la intervención se reflejaran en la familia, pero sin duda la más beneficiada, siempre será la persona, su vida afectiva, familiar y social, mejorara.

Me despido hasta la próxima, recibe un saludo afectuoso de mi parte, psicóloga Remedios Martínez.

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