El enojo

Hemos escuchado en algún momento que hay personas que son enojonas, que el que se enoja pierde, o que  el enojo es malo, aunque la realidad es que el enojo es una emoción, y por lo tanto, no podemos erradicarlo de nuestras vidas, no sería idóneo.

El enojo no es malo, solo está mal entendido. Como toda emoción, su finalidad es protegernos y funcionar como una alarma, que nos prepara para la huida o la defensa. Resumidamente, el enojo es algo saludable, y que puede volverse tóxico bajo determinadas circunstancias. Veamos cuales.

El enojo natural empieza con una molestia cuando nuestras expectativas chocan con una realidad que puede ser o no manipulable. Depende de que tan rápido podemos superar esta eventualidad en que la molestia  (enojo natural)  se queda en un momento corto, de una intensidad moderada y que puede quedar resuelto así sin más. Sin embargo, si el enojo se extiende en el tiempo, si se refuerzan los pensamientos alrededor de la situación, es lógico que se intensificará el mismo, al grado de convertirse en ira, y ahí deja de ser saludable porque empieza a quitarnos energía y paz mental. Empiezan a llegar los pensamientos intrusivos, vengativos, negativos, que son como incentivos para el crecimiento del enojo tóxico.

El no saber superar el enojo tóxico lleva a la persona a padecer problemas físicos (por ejemplo, síndrome del colon irritable, también asociadas la diabetes y la hipertensión); emocionales (aumento de la ira, pérdida de la paz, aumento de emociones negativas, deseo de venganza, por mencionar algunas); sociales (ruptura de relaciones, pérdida de oportunidades); materiales (por enojo se pierde dinero también). Por eso es tan importante aprender a superar el enojo tóxico, para no sufrir sus consecuencias desagradables.

El enojo sirve para defendernos, pero cuando se ocupa para atacar, es una respuesta inadecuada, más cuando se ha hecho del enojo un patrón de vida. Es preocupante cuando los adolescentes o los niños manifiestan enojo tóxico, debemos tomar cartas en el asunto, y uno mismo también por supuesto, cuando manifestar el enojo –o guardártelo-, hace daño.

Lo ideal es realizar un tratamiento psicológico que nos permita enojarnos con la persona correcta, por el motivo correcto, en la medida correcta, en el momento correcto, y por los medios correctos.

Te deseo una excelente y reflexiva  semana! Tu amiga: Remedios Martínez

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