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Trastorno de pánico

Nuestra cultura se está adaptando a la idea de que los psicólogos clínicos existimos, y más aún, de para que servimos. Aunque la respuesta es para muchas cosas,  quiero centrarme en el tema de hoy.

La ansiedad es una emoción, es natural y hasta saludable cuando es como una alarma que nos indica que corremos peligro o que tenemos que hacer algo. Es anti natural cuando empieza esa ansiedad a ser tan grande que la persona empieza a perder su paz, sus ganas de salir, de hacer algo satisfactorio o necesario. Cuando empieza a tenerle miedo a sus síntomas que se muestran como intensos, incontrolables y que le dejan sin energía, con un temor que ella misma se desconoce.

El trastorno de pánico es una forma de ansiedad extrema, un ataque repetido que vive la persona, y entre los síntomas principales se encuentran las palpitaciones, que se sienten como si el corazón fuera a salirse del pecho, o miedo a que se desencadene un infarto; sudoración generalizada o específica en alguna parte del cuerpo; temblores o sacudidas, más aun en los brazos o manos; sensación de asfixia o dificultad para respirar; sensación de ahogo; dolor o molestias en el pecho, apretado, incómodo, como si algo o alguien lo oprimiera; ganas de vomitar o malestar abdominal; sensación de desvanecerse o mareos; escalofríos o sensación de calor; sensación de entumecimiento, sensación de estar separado de uno mismo, miedo a volverse loco y hasta miedo de morir. Una persona puede experimentar varios síntomas, y a veces todos, en diferentes momentos.

Cuando una persona vive esto de manera repetida, aprende a tenerles miedo a los ataques y gradualmente va generalizándose ese miedo hacia otras áreas, limitándole cada vez más hasta que es necesario buscar ayuda.

Lo más común es que la persona acuda con el médico general, que receta algún medicamento y da algunas sugerencias sobre el manejo de estrés, o lo que a su experiencia observe, sin embargo su intervención fundamentalmente es dirigida a aliviar los síntomas físicos. Cuando la gente se toma el medicamento y después de algunos días o semanas vuelve a experimentar lo mismo, empieza a buscar segundas y terceras opciones, algunas muy tristes ya que nuestra región hace mucho uso de la llamada medicina alternativa y hasta creer que es algo <<paranormal>> lo que están viviendo.

A veces van a ver a los brujos o sanadores. Nunca una limpia o medicina naturista aliviaran los ataques de pánico, ni siquiera la medicina alopata. Se atenuaran algunos síntomas, pero hasta la fecha no hay medicamento que cure el miedo y nos ayude a afrontar eficazmente el ataque de pánico. Lo que se necesita es una intervención psicológica, tampoco general, sino especializada en el área clínica.

La terapia psicológica es la única que prepara a la persona a lidiar, atravesar y atenuar los ataques de pánico y sus consecuencias. Lo que se busca es minimizar el impacto de estos ataques, se enseña a cómo manejar el momento de la crisis, y que hacer después.

El ataque de pánico no es el problema sino el resultado de otra cosa. Cuando alguien lo presenta es después de muchos intentos fallidos por manejar la realidad interna de manera efectiva, por estrategias pobres de afrontamiento a los conflictos externos. La terapia psicológica es la cura a esos episodios desagradables, que son gradualmente degenerativos -a nivel emocional-  si no se atienden.

La persona puede dejar de relacionarse, dejar de ir a trabajar, de disfrutar y cambia eso por el temor. Vivir con temor no es vivir. La terapia psicológica ayuda a la persona a recuperar su vida, su libertad y su dignidad.

Espero que esta semana sea de éxito queridos lectores, su amiga, psicóloga Remedios Martínez.

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