Los duelos

Si hay algo en lo que los seres humanos nos volvemos expertos, es en vivir los duelos. Aunque en su momento no lo afrontemos con éxito, o exista un par de temas en que nos cueste salir, la realidad es que a  la adolescencia ya hemos atravesado un buen número de duelos, de diferente intensidad.

Un duelo es un periodo de tiempo en el que la persona se puede adaptar a una pérdida. No hay un tiempo único o determinado para elaborar el duelo. La práctica nos dice que depende el tiempo de duelo de varios factores: a) La relación o el vínculo con lo que hemos “perdido” (una persona, una cosa, una situación, etc), b) El grado de dependencia o interdependencia con lo perdido, c)La etapa del ciclo vital personal d) Los recursos personales: el carácter, la personalidad, los hábitos, etc, y ; e) La red de apoyo existente.

Los duelos se caracterizan por tener 5 etapas recursivas, que están en el siguiente ciclo: la de negación, de negociación, de enojo, de tristeza y de aceptación. Comento que son recursivas porque antes de salir del duelo la persona da muchas vueltas al ciclo del duelo, aunque la proporción de tiempo que tarda en las de negación, negociación, enojo y tristeza, suelen irse reduciendo cada vez más, tanto en tiempo como en intensidad, a medida que pasa el tiempo y los recursos personales van permitiendo esa adaptación.

Entre los síntomas del periodo doloroso se encuentra el llanto, la tristeza, los recuerdos a todas horas, cambio en los patrones de sueño y alimenticios, repentinamente se va el gusto por algunos alimentos, la satisfacción también abandona el barco de la vida, por lo menos durante el restablecimiento, la gente come mecánicamente, vive automáticamente, la culpa, el retraimiento, aislamiento y hasta irritabilidad abundan en la persona, y no es que eso sea malo, solo está en duelo.

Una persona debe pedir ayuda cuando la tristeza no le deja disfrutar de los que sí están, cuando la tristeza la inunda 24/7 desde su perspectiva, han pasado más de 12 meses, no convive normalmente con las demás personas fuera de su familia, su humor varía entre el enojo y la tristeza, no ha retomado sus actividades laborales y su vida personal es descuidada, cuando no puede retomar proyectos menores y  su retraimiento le ha provocado accidentes menores, cuando recordar implica llorar intensa y largamente. Los que están alrededor pueden pedir ayuda.

La persona en duelo debe recibir apoyo, tanto en familiares como  buscar ayuda psicológica, la intervención es una facilitadora del duelo, aunque existen muchos mitos frente a ella, en las intervenciones no se le pide a la persona que deje de llorar,  que olvide, que sea fuerte o que se recupere al mes de entrar en terapia.

El duelo es un periodo donde nos restablecemos, nos sobreponemos a la pérdida, y también es un tiempo donde debemos aprender del dolor, y aprender a ver más allá de él.

El dolor es un mal amigo, es una ilusión, nos dice que hemos perdido y que de esta pérdida no nos podremos recuperar. Nuestro trabajo en el duelo es correr el velo del dolor, y empezar a ver el amor, si duele, es porque es valorado, y en honor a lo ganado, tenemos la misión de lograr un nuevo comienzo, valorando la presencia de lo que tuvimos un día, y a través del amor, la gratitud, el aprendizaje y el recuerdo, se nos queda para siempre.

Comentarios en Facebook

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *