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En memoria de las 31 personas que perdieron la vida

¿Somos tan vulnerables?

Siempre llegue a pensar que en Izúcar de Matamoros y en toda la mixteca poblana, éramos de los lugares más seguros en el mundo, ante cualquier contingencia; catástrofe natural, intensas lluvias, inundaciones, tornados, huracanes, o alguna posible  actividad del volcán Popocatépetl.

Y es que efectivamente nos había tocado vivir algunos sismos en años pasados, el más intenso el de 1985 y otros menores.

Sin embargo este terremoto del pasado martes 19 de septiembre nos borró la sonrisa,  nos desdibujó la cara, nos desapareció el ánimo, fue el miedo y  terror lo que se apoderó de nosotros.

Hoy vivimos con la incertidumbre de que ahora en cualquier momento podemos pasar a mejor mundo,  lo que más nos preocupa  son nuestros  hijos, y toda nuestra familia, pero en verdad debemos darnos cuenta de que todos, absolutamente todos, somos tan vulnerables, y que en un abrir y cerrar de ojos se acaba todo.

Y no me digan que no, la verdad es que todos tenemos miedo, en mi caso  me siento triste, nostálgico e impotente con la idea de que en cualquier momento nos puede llevar la chingada. Aunque primero Dios, sabemos  que por el momento no va a pasar, pero ya quedamos ciscados, porque esta vez la vimos muy cerca.

Los 31 muertos desde Atlixco, hasta Jolalpan lo demuestran, sin duda alguna, morir aplastado como una cucaracha sin poder hacer nada, debe ser una de las peores muertes.

No se puede borrar de mi mente el haber visto de manera física, cuando de los escombros de lo que alguna vez fue la iglesia del señor de Santiago en Atzala, sacaron a un bebe de tan solo un mes, el cual iban a bautizar, de igual manera ver cómo iban formando los cadáveres que rescataban y los iban depositando formados en el atrio de ese recinto.

El  angelito que ahí murió, al igual que las demás niñas y niños,  adolescentes, mujeres y hombres de todas las edades, que fallecieron en diversos municipios, son la prueba.

Y pensar que pudimos haber sido cualquiera de nosotros o algún familiar, no importando credo religioso, partido político, estatus social, etc.

Por ejemplo hasta el párroco de ese lugar que apenas tenía una semana de haber llegado, también partió a mejor mundo.

Hoy por nuestra mente pasan muchas cosas, hemos visto muertes, destrucción de cientos de viviendas, escuelas, inmuebles públicos, históricos y casi en todos los lugares las iglesias están dañadas,  pero esto solo es una situación de estrés agudo, postraumático que nos dejó y que se irá borrando con el paso de los días.

Quizá a algunos nos quitó el sueño, a otros les causó irritabilidad, pero yo considero, que lo que más daño nos hace es el recuerdo, la re experimentación de acordarse de ese “mal momento”, que hasta cierto punto es normal, por lo que hay que echarle mu-chas ganas para olvidarnos de este sismo que nos recordó que no somos nada y que en cualquier momento, una tragedia así nos puede  hacer mierda, porque todos somos tan vulnerables.

La parte científica, nos dice que una “Ruptura en Placa de Cocos”, originó el sismo, según la UNAM, es como una loza bastante espesa y profunda que se está hundiendo por debajo de la placa de Norteamérica y es la que se supone que se rompió. Un fenómeno concentrado en el centro del país.

Los temblores definitivamente no se pueden predecir y quien así lo asegure es totalmente falso, y si bien hay replicas pero de igual manera son impredecibles, por lo que solo nos queda  tratar de estar preparados.

Los que somos católicos, estamos seguros que Dios y la naturaleza, son los autores de este terremoto,  porque ya se cansaron  de nosotros,  de  que no estamos haciendo  bien  las cosas en todos los sentidos, desde nuestra forma de actuar, hasta   en los temas de la contaminación, tala de árboles, reforestación, desperdicio del agua, exceso de los recursos renovables y la alta contaminación del efecto invernadero que provocan más los países desarrollados como Estados Unidos.

Y será el sereno, pero hoy todos tenemos miedo y quien me diga que no, miente, sin embargo la vida tendrá que seguir y solo nos queda encomendarnos a Dios y darle gracias porque estamos bien y pedir por la pronta resignación de quienes perdieron familiares y sus viviendas, ojalá pronto se supere todo y vuelva a la normalidad.

Dar muchas gracias por esa enorme solidaridad que hubo con nuestros hermanos afectados, hoy Izúcar, la mixteca, Puebla y México está de pie, hagamos conciencia, todos.

Es tiempo de  mucha reflexión…

Y COMO SIEMPRE DIGO: GRACIAS Y SI DIOS NOS DEJA NOS LEEMOS EN LA SIGUIENTE ENTREGA.

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