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Foto: Archivo.

El Waterloo de Trump

La sombra del espionaje ruso se convierte en una pesadilla para la bestia trumpiana, quien está cavando su propia tumba.

El misterio que rodea la fulminante destitución de James Comey como el todo poderoso del FBI, fue como haberle echado gasolina al espionaje ruso en las elecciones norteamericanas, al tiempo que secretamente Donald Trump se reunía con el embajador ruso en EE.UU., Sergey Lavrov, en momentos en que hasta los propios republicanos no descartan la posibilidad de conformar una comisión investigadora que podría desembocar en el Waterloo de Donald Trump, como efímero presidente número 45 de los EE.UU.

La bestia trumpiana está acorralada ya. Su popularidad va en picada y a mil por hora. Su nivel político – si alguna vez lo tuvo- está casi en la lona y la sombra rusa lo asedia a cada paso que da.

Su estrategia del ataque, en momentos en que se ve acorralado, está a la orden del día. A Comey, se lo comió la bestia, advirtiéndole que:

“Será mejor para Comey que no haya grabaciones de nuestras conversaciones antes de que empiece a filtrar a la prensa”

¿Qué quiere decir con eso? ¿Acaso es una amenaza? ¿A qué le teme la bestia trumpiana?

Donald Trump se volvió una estrella mediática despidiendo gente en un reality show, pero como presidente de Estados Unidos tal parece que se le quedo la maña y sigue haciendo en la vida real lo que hacía en televisión.

Pero la sombra rusa, le quita el sueño a la bestia trumpiana. Tan se ve maniatado que amenaza con dar por terminadas las ruedas de prensa y limitar a la Casa Blanca a que sólo emita boletines para que no haya “malos entendidos”.

El señor Trump, va de burrada en burrada. No entiende todavía que es presidente de la nación más poderosa del mundo, y lo primero que hace es echarse a la prensa de enemiga.

¿Qué esconde Donald Trump? ¿Acaso habrá traicionado a los norteamericanos permitiendo la injerencia rusa en los internos de la nación de las barras y las estrellas?

De conformarse la comisión investigadora, Donald Trump, deberá tener listas las maletas para regresar a su torre de Nueva York, a menos que quien le suceda, no lo indulté y tenga que ir a prisión por traición a la patria.

¿Qué tendrá Donald Trump en la cabeza que sus acciones le parecen poca cosa y pareciera que él es el ombligo del mundo?

En fin, que la bestia trumpiana, como si se tratase de un reality show, hará que el morbo esté siempre tras la sombra rusa que lo persigue en la Casa Blanca.

¿Habrá poder humano y económico de los republicanos capaz de salvar a Donald Trump de un inminente Waterloo, como le ocurrió a Napoleón?

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