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El día de las madres

Cada 10 de mayo llevamos a cabo una celebración en honor a las madres, más que merecida. La maternidad se exalta no por pocas razones, sino como el más alto valor en la realización de la vida de una mujer, sin embargo existe una parte que se deja de lado: se deja de ver a la mujer.

Cuando la sociedad, la familia, y hasta los mismos hijos exaltan este papel, es bueno, pero debería ser con medida y sobre todo, todos los días, no solo en una fecha particular. Ver a la mujer únicamente desde la perspectiva maternal nos resta, se debe ver la maternidad como una parte de la totalidad de la mujer, nunca al revés.

Si en la vida la mujer atraviesa un proceso de autoconocimiento seguro, es el de la maternidad. Es como someter a un carbón a un proceso en el que se convertirá en diamante, porque si hay un proceso que puede llegar a ser despersonalizante a veces, pero transformador, es precisamente la maternidad.

Cada mujer es diferente, pero desde el primer momento la maternidad implica darse a otro, primero das de tu cuerpo (tu sangre, tus nutrientes, tu oxígeno), luego das tu vida a través del tiempo que le dedicas a cada hijo, por ejemplo un cálculo de esta servidora es que por cada hijo, una madre invierte aproximadamente 1277  horas (el equivalente a 53 días de vida ) bañándolo hasta los 7 años, eso sin contar las horas en alimentación, arrullo, y demás cuestiones que ocupan la vida de un hijo: tareas, enfermedades, tiempo de juego, y otras actividades de mantenimiento como lavar su ropa y organizarla, preparar alimentos, aseo de áreas en donde vive, paseos, etc. etc.

Tener un hijo es entregar tu vida, ser madre es en sí mismo un propósito pero tampoco es el propósito de todas y también debemos entenderlo. El lado B de la maternidad hace referencia a lo que en los festivales y en los reconocimientos no se dice, habla de todos esos gritos silenciosos de muchas mujeres queriendo renunciar, cuando la maternidad duele, porque eso pasa, la maternidad duele.

Nadie pone en duda el sufrimiento de una mujer a la hora del alumbramiento, ni de lo legítimo que es su desgarre, a voz en grito muestra su gran esfuerzo y dolor, entonces, porqué una mujer que se le ocurre “quejarse”, se juzga como mala madre, inmadura, poco eficiente, etc. y es que una  “buena madre” no debe quejarse de su oficio, ni de su socio ni de sus hijos, más aún cuando siente insatisfacción con su rol, imagínense!

La publicidad nos vende una madre abnegada e incondicional, incondicional es aquella mami que no sabe decirle que no a los hijos, que pone siempre primero las necesidades de los hijos antes que las propias, es la que, literalmente se quita el pan de la boca para dárselo a sus criaturas, todo el tiempo.

Pero la realidad es que una madre incondicional, es una madre disfuncional, y eso el tiempo nos lo muestra.

Como madres es normal tener frustraciones propias del oficio o también como la mujer integral que somos. Se vale hablar de los sentimientos que nos embargan y que no son positivos, se vale expresar que estamos cansadas, insatisfechas y hasta hartas!

En el noble oficio de la psicoterapia, el solo hecho de expresar algo, es sanarnos. Más sanador todavía cuando el que escucha se limita a eso, sin juzgar. La maternidad se restaura a si misma luego de los tiempos de crisis si la canalizamos a un significado superior, de lo contrario, se coarta esa conexión entre el yo total y el proceso maternal.

La mujer que dedica todo su tiempo al cuidado de los hijos y descarta la vida profesional, no pocas veces se cuestiona si está haciendo lo mejor, pero le ve el lado bueno a su decisión y a veces de manera errónea la respalda fijándose en hijos ajenos (o vidas ajenas) y criticar. Punto en contra. Esto con el tiempo traerá consecuencias negativas. Y para las mujeres que trabajan (remunerado), la culpa es un acechador constante, inconsciente, intimidante, y uno de los peores enemigos en la formación de los hijos.

Se trabaje remunerado o no, la maternidad implica combinar lo propio con lo de otro, cambiar tus programas favoritos por caricaturas, tiempo de distracción, relax y arreglo personal por cambios de pañal, tareas, paseos  y hasta berrinches. Al servirles a los hijos, le servimos a la vida. La maternidad agranda, madura, fortalece. Las mujeres que se hacen madres no necesitan ir a la guerra para volverse heroínas, todos los días pelean la batalla que implica hacerse madre.

La maternidad es un proceso que empieza con una decisión, y esto está más allá de lo biológico. Muchas veces el cuerpo está preparado, pero la mente no. Otras ocasiones la mente quiere, pero el cuerpo no, y el cuerpo no miente, si es no, debes encontrar alternativas. La maternidad no solo se ejerce con un hijo de tu vientre.

A veces es más madre quien nunca ha engendrado un hijo, que quien lo ha hecho y lo ha abandonado. Quien hace eso es tener un título sin ejercer, sin saber, sin cursar, es un nombre hueco.

La maternidad es un proceso de crecimiento cuya clave es la palabra “equilibrio”. Nunca en este proceso debes perderte como mujer, porque el fin de la maternidad es encontrarnos a nosotras mismas, hacernos mujeres más completas. La maternidad es pues, una vía de autoconocimiento y crecimiento.

No pierdas de vista que las madres antes de ser madres somos mujeres.

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