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“Mi viejo Izúcar de establos y río”: Miguel López Vera

Extracto del capítulo V del libro: “El resplandor de Izúcar”, del escritor Mayo Murrieta, en el que venerables narradores nos muestran el pueblo y su vida cotidiana de principios del siglo XX. De próxima publicación en México y Estados Unidos de Norteamérica.

Exclusivo para The Mixteca Times. Gracias al patrocinio de Marco Antonio Cooley.

Al arroz le daban su tlamateca y volteo, cortar hierba con hoz y arrancarla, reforzar el bordo y plancharlo a que quede lisito; ya habían hecho las besanas, las melgas, y el plantador con su manojito de raíz tierna, a cinco de oros, cuatro oros, hundiéndola en la charca de tierra. Los niños eran los pajareros, a mañana y tarde cuando se cargaba el arrozal de charretelos de ala colorada, se nublaba de parvadas que espantábamos a gritos, chicotazos, leperadas, hondazos – algunos echaban cuetes, pero si llegaban a  sentarse en la mata, tiraban más de  lo que comían estos pájaros.

La cosecha era pesada. Entre el lodo cortar el rollo, azotarlo en las tinas para que la espiga suelte el grano y se aproveche la rama en alimento del ganado. Se llenaba un costal amarrado de boca, pesando setenta kilos y lo cargábamos en el lodo hasta sacarlo a la orilla y ser entregado al carro de crank para los asoleaderos de piso del gringo Jenkins. Era también trabajo de muchachos que ya se habían logrado. Todo el día movíamos el arroz con rastrillo  secando la cáscara. Llegué a tirar ochenta bultos y llenarlos con grano desecado, cosidos con aguja de área, estibados con escalón; le daban a uno  calenturas al salir a las diez de la noche, aunque pagaran a dos pesos el bulto. A descascarar a Lagunillas en máquina. Los domingos después de pajarear, a las once de la mañana dejábamos todo eso y nos íbamos a la matinee de cincuenta centavos, al “Cine Central o Matamoros”. A la una de la tarde salíamos y vuelta al  arrozal a pajarear, ya en la tarde a la pastura de los burros de la que había mucha en los carriles, era tanta que podíamos escoger. El lunes para  alborear, a las cinco de la mañana montado en mi burrito  iba a moler nixtamal en la toma de “La Conchita”, hasta veinte burros se juntaban en el molino, en la esquina había otro. Puras muchachas despachaban, cobrando centavos por la masa. Y a echar tortillas de mano, al tlecuil, listos para irnos al campo.

4-Familia-del-viejo-Izucar-retratada-en-el-zocalo-1947Si mamá iba a Izúcar yo atrás de ella nomás, a la plaza, a las tiendas.

Los sábados me gustaban porque nos metíamos al Tianguillo, a paladear cosido de res y barbacoa, con candiles humeantes y tortillas de las barriecas. Me gustaba porque al fin comía carne y unos caballitos de pan tostado de panela. No conocíamos más allá del molino y al último decidimos ir al pueblo a comprar pan. Nos fuimos en burro muy alegres al zócalo y a La Hidalgo, cruzamos La Independencia y a la siguiente calle encontramos un panadero que luego luego nos dijo “si me traen leña les regalo el pan”. Fuimos al cerro, cortamos, cargamos al burro y regresamos. Había mucha gente montando burros en Izúcar, en los mesones había más, burros de San Carlos, Jaltianguis, Raboso, San Isidro, Ayutla, Puctla, Colucán, Matzaco, trayendo marranitos, leña, guajolotes, maíz y carbón a los mesones de La Juárez, de doña Soledad, Los Ruices, con el papá del dueño trabajé de machetero en el acarreo de caña a Atencingo, ya estaba crecidito. Metían sus burros ahí, los guardaban y rumiaban su pastura. A espaldas de Santo Domingo había otros mesones; la entrada al pueblo por Santiaguito era un amarradero de burros, ahí nos saludábamos con apodos: El Tigre, El Toques, La Cocota, El Jabalí, El Mono, El Negro, El Pinto.

Como buen labrador que era, me fui de machetero con Aguilera por diez pesos diarios, al establo de La Independencia y Guerrero a bañar vacas al puente viejo del río que era un gran despoblado, después de la ordeña a las seis de la mañana. Ahí tenía su gran establo Rosete, por igual Lorenzo Flores, Escamilla, también Goyo Bravo, muy buena calidad de sus vacas, por La Allende hasta la acequia; Lorenzo Cortés, en el río frente a Santiaguito -tenía Flechas Rojas-,adelante del puente acueducto los Guevara, por  el rio en Santiago Mihuacán, y Fuentes Escamilla, por el viejo auditorio, transportaban pastura en machos. Los más grandes establos de Izúcar eran el de Rosete, Espinosa, Lorenzo Flores, Luis El Pando, El Cuba, Arenas, y juntito a la presidencia municipal Miguel Fuentes Escamilla, eran siete los grandes, también el de Sóstenes Vergara y su hija, donde puras mujeres trabajaban, una de ellas me enseñó a ordeñar cuando tenía trece años, en el puente viejo el de Othón, había otros en el centro de Izúcar, por Santiaguito y bajando La Zaragoza. El de Espinosa en El Arco, otro establo a orillas del camino antiguo a Raboso, y a un lado el del padre Arturo Márquez Aguilar, Fausto Cortés tenía su establo en San Juan Piaxtla. Nos íbamos a pastorear por los barrios. En aquel puente viejo no había casas ni a uno ni a otro lados, ahí los estableros bajábamos las vacas, Espinosa nomás las bajaba al río, lo tenía muy cerca, por La Allende bajaban otros pues no había casas en esos baldíos. Amontonábamos el abono a orillas del río. En esos establos abiertos todo el día, siempre vendiendo leche, yo repartía ciento veinte litros diarios (tres cántaros de cuarenta), por Guerrero, Serdán, Hidalgo, y Cinco de Mayo.

2-Amigos-charros-del-Dr.-Manuel-Espinosa-Carreon--1965Los barrios tenían establos propios de vacas criollas y no venían al centro a surtirse, pero Miguel Fuentes Escamilla, refaccionaba a los del barrio para la siembra de alfalfa de su establo contiguo a la presidencia municipal. Por acá alimentaban  vacas finas con alfalfa, salvado y semitilla, y a los marranos tan cerca les dábamos atolate. Mis burros ya sabían a donde ir por la pastura del lado de Raboso, zacate y cogollo de caña. De este lado, rumbo al puente viejo, el establo de Luis, El Pando, tan jorobado; en ese remanso de agua las vacas se bañaban y refrescaban, tanto, que eran del mismo color y se revolvían entre ellas, pero a un grito ya sabían y se juntaban  conmigo. Adelante, uno de los establos más grandes de Izúcar, de Carlos Rosete, sus ordeñadores se creían mucho, lo máximo, por su chaqueta y sombrero de charro, botas de hule y carricoche repartidor. A nosotros, ordeñadores guarachudos no nos hablaban porque alimentábamos las vacas de hierbas y pastura del campo, pero la leche sabía mejor. El establo del cura Márquez Aguilar se localizaba en la virgencita, en el cruce a San Juan Raboso, se veía lejos la ciudad, éramos tres pastureros, dos vaqueros y tres lecheros. Este cura crio a un huerfanito que le decíamos El Muerto, y le regaló unas vaquitas y yo le trabajaba el establito de ocho vacas, ahí ordeñaba, aseaba y acarreaba la pastura y El Muerto repartía su leche. El establo de Lorenzo Flores era muy grande bajando la Cinco de Mayo en el puente viejo, otro muy grande el de José Espinosa, del arco para acá, tenía cuatro vaqueros, cuatro pastureros y dos lecheros. Desde niño trabajé en el de Sostenes, por Independencia número veintiuno, bajando por la Guerrero, y en el de su hija allá por EL Calvario, también en el establo de Luis Caso, repartiendo unos cuatro cántaros de cuarenta litros de leche, cuando salieron las monedas de plata de veinticinco pesos andaba con los bolsillos repletos. Había más establos, pequeños de seis a ocho vacas, pero estos  referidos eran los más grandes en Izúcar de aquellos tiempos, creo que me faltó el de Othón Muñoz, a un lado de Santo Domingo, pasando la acequia. Nomás en Alchichica laboreaban seis establos que entregaban su leche en Izúcar ,de los Uribe, Rodríguez, López, Valerio, Pedro Ama, vacas criollas alimentadas del campo de veinte litros en dos ordeñas. Ahí, en el “billar de La Centenario” se juntaban los lecheros, una gran cantidad; a quién le faltaba, a quién le sobraba, para cumplir la entrega, hasta los de Chipilo llegaban con su leche en cántaros.

A un lado  tamaleras y atoleras, y Los Torijano para el desayuno.

(Continuará)

5-Jesus-Chavarria,-presidente-y-fundador-de-la-Asociacion-de-Charros-Izucar-1960 3-cena-del-club-de-Leones,-Presidente-Dr.-Manuel-Espinosa-y-Esposa-Josefina-Torres-Aguilar-1975

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