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Izúcar: el fervor religioso a Santiago Apóstol, su historia, las poesías y las leyendas

Estamos de Fiesta en Izúcar de Matamoros y no es para menos, ya que Santiaguito” como cariñosamente le conocemos; siendo ésta una  de las fiestas más coloridas por el fervor religioso que representa para miles de visitantes y en especial los migrantes que se encomiendan a esta milagrosa escultura de “Santaguito” como cariñosamente le conocemos.

Hasta su templo han llegado los  feligreses acompañados de mariachis o  bandas de viento  con danzantes, trayendo una ofrenda para “Santiaguito” y desde lo alto de la Torre repicarán las campanas anunciando su llegada, al igual que el  recibimiento con  cohetes.  Por lo que no es de extrañarse que muchos turistas interesados en estar tradición  también acudan a  conocer más de  esta festividad  que tiene casi  400 años de realizarse; aunado a ello  que la misma escultura dedicada a este Santo representa un atractivo por su  colosal  tamaño digna  de admirarse, al igual que sus múltiples leyendas y  poemas que se han  escrito .

Como parte de  este  artículo  damos a conocer brevemente  algunos datos de la vida y obra de Santiago Apóstol, la historia de su templo, sus leyendas y sus atractivos.

SAN SANTIAGO EL MAYOR.- Fue uno de los 12 apóstoles del Señor. Era hermano de San Juan evangelista. Se le llamaba el Mayor, para distinguirlo del otro apóstol, Santiago el Menor, que era más joven que él. Con sus padres Zebedeo y Salomé vivía en la ciudad de Betsaida, junto al Mar de Galilea, donde tenían una pequeña empresa de pesca. Tenían obreros a su servicio  y su situación económica era bastante buena pues podían ausentarse del trabajo por varias semanas, como lo hizo su hermano Juan cuando se fue a estar una temporada en el Jordán escuchando a Juan Bautista.

santiaguitoSantiago formó parte del grupo de los tres preferidos de Jesús, junto con su hermano Juan y con Simón Pedro. Después de presenciar la pesca milagrosa, al oír que Jesús les decía: “Desde ahora seréis pescadores de hombres”, dejó sus redes y a su padre y a su empresa pesquera y se fue con Jesucristo a colaborarle en su apostolado. Presenció todos los grandes milagros de Cristo, y con Pedro y Juan fueron los únicos que estuvieron presentes en la Transfiguración del Señor y en su Oración en el Huerto de Getsemaní. ¿Por qué lo prefería tanto Jesús? Quizás porque (como dice San Juan Crisóstomo) era el más atrevido y valiente para declararse amigo y seguidor del Redentor, o porque iba a ser el primero que derramaría su sangre por proclamar su fe en Jesucristo. Cuenta el santo Evangelio que una vez al pasar por un pueblo de Samaria, la gente no quiso proporcionarles ningún alimento y que Santiago y Juan le pidieron a Jesús que hiciera llover fuego del cielo y quemara a esos maleducados. Cristo tuvo que regañarlos por ese espíritu vengativo, y les recordó que El no había venido a hacer daño a nadie sino a salvar al mayor número posible de personas. Santiago no era santo cuando se hizo discípulo del Señor. La santidad le irá llegando poquito a poco.

Después de la Ascención de Jesús, Santiago el Mayor se distinguió como una de las principales figuras entre el grupo de los Apóstoles. Por eso cuando el rey Herodes Agripa se propuso acabar con los seguidores de Cristo, lo primero que hizo fue mandar cortarle la cabeza a Santiago, y encarcelar a Pedro. Así el hijo de Zebedeo tuvo el honor de ser el primero de los apóstoles que derramó su sangre  en el Año 44, por proclamar la religión de Jesús Resucitado.

Antiguas tradiciones (del siglo VI) dicen que Santiago alcanzó a ir hasta España a evangelizar. Y desde el siglo IX se cree que su cuerpo se encuentra en la catedral de Compostela (norte de España) y a ese santuario han ido miles y miles de peregrinos por siglos y siglos y han conseguido maravillosos favores del cielo.

Es Patrono de España y de su caballería. Los españoles lo han invocado en momentos de grandes peligros y han sentido su poderosa protección. También nosotros si pedimos su intercesión conseguiremos sus favores.

TEMPLO DE SANTIAGO APÓSTOL .- En este apartado, podemos mencionar a los historiadores: Don Silvestre Fuentes Bobadilla, a la Maestra  Josefina Esparza Soriano, a Don Manuel Sánchez Cruz;  que nos legaron parte de sus investigaciones, pero sobre todo su amor a Santiago Apóstol. Así podemos mencionar,  que  este templo fue edificado en el barrio de Santiago Mihuacán,  por los frailes dominicos a principios del siglo XVII. En el año de  1628 se inició  su construcción y aproximadamente  en 1638 se terminó.

En el año de 1640 el Sr. Obispo de Puebla, Don Juan de Palafox y Mendoza les quitó la administración de algunos templos a los frailes dominicos, franciscanos y agustinos.

Por orden de Felipe IV Rey de España, este templo pasó por algún tiempo a ser “Parroquia de Españoles, del Clero Secular”.

El templo  esta construido por una diversa gama de órdenes arquitectónicos., consta de una entrada principal   con tres arcos de medio punto, un atrio de base rectangular con una fuente colonial.

Su fachada principal presenta un arco de medio punto, flanqueado por “pilastras adosadas” a la pared. En lo alto de “la fachada” se logran apreciar “ocúlos” en forma de “rosa de los vientos”. La fachada esta dividida en “dos cuerpos” que son separados por “impostas, frisos y cornisas” como elementos decorativos.

En lo parte superior de la fachada  se encuentra en buenas condiciones su “espadaña”, que es el espacio  destinado a una campana.

Cabe destacar su campanario, localizado en la parte sur  de la fachada, con sus dos “bandas lombardas” que inician desde la parte del “zócalo” hasta la base inferior de la torre, en donde esta se divide en tres cuerpos de forma rectangular

En la  parte sur de la fachada se localiza  “la torre del campanario” que luce majestuosa con sus dos “bandas lombardas” que se yerguen desde la parte del zócalo hasta la  base inferior de la torre, en donde esta se divide en tres cuerpos de forma rectangular, cada uno de estos en sus esquinas esta decorado con unas columnas que son del “tipo salomónicas” con su delicada forma de espiral y  sobre la cúpula principal observemos a detalle su “piqueda”.  En cuanto a la orientación del templo, su  “entrada principal” es al poniente y “el Altar Mayor” se encuentra en el oriente.

Así también, encontramos que el templo está construido en una sola nave en forma de cruz latina, “la bóveda” es de “lunetos” separados por “arcos fajones” .

En su “transepto ó eje menor”, se encuentra sostenida su “cúpula” por cuatro  “arcos torales” ,formando “las pechinas” que se refieren a Los Cuatro Evangelistas o “los cuatro pilares de la iglesia” (Lucas, Mateo, Juan y  Marcos). Sin embargo, también podemos mencionar que este templo cuenta con dos cúpulas,  una de ellas fue construida posteriormente  con el fin de darle mayor vista a la escultura de Santiago Apóstol  que se encuentra dentro del templo y de esta forma se aprecia mejor. La segunda cúpula está coronada por una “piqueda” (corona española); a los lados de esta se observan unos leones. “La cúpula o bóveda celeste” es de forma octagonal.

Indiscutiblemente que por el fervor que representa la imagen de Santiago Apóstol, es uno de los santos más visitados, ya que ha realizado un sinnúmero de milagros y siendo una de las pocas imágenes en el mundo entero que se puede tocar directamente sin que medie una protección. Además que la escultura es una verdadera obra de arte estofada en oro de un elevado kilataje y cuyo autor se ignora, pero que una leyenda nos cuenta que era de origen italiano. Tanto el Santo, como el caballo están realizados en madera de nogal  y de una estatura Santiago  Apóstol de 2.32 metros; sus botas son del número 36. La escultura se encuentra en “el  ábside” de base rectangular justo detrás del “presbiterio”.

La  escultura de este milagroso santo, esta considerada única en el mundo por sus dimensiones y por su belleza, tanto por la imagen como por su cabalgadura. Cabe destacar que  en Santiago de Compostela, España;  la imagen de Santiago Apostol se encuentra de pie y sin caballo.

POEMAS.- Muchos han sido los que inspirados en la imagen milagrosa de Santiaguito, han dedicado sus poemas y declamado poesias a este Santo y a nuestra bella  y Heròica Ciudad de Izúcar de  Matamoros, encontrándo  en esta lista a José Recek Saade (cuyo arco enfrente del Templo de Santiago Apóstol   está dedicado a él) , a Josefina Esparza Soriano, a la declamadora Ivonne Recek de Luque y  a  Salvador Fidel Ibarra Vargas (Poeta izucarense 1902 – 1958)  , de  quien compartimos este bello poema titulado

 

“EL SEÑOR SANTIAGO”

 

Barrio de indios labradores

siervos de la sementera,

grieses cabañas de adobe

escondidas en la quieta

penumbra verde, bucólicos

rumores de las acequias;

moreno campo fecundo

cuadriculado en parcelas,

tablero donde sin prisas

la lluvia y el sol se juegan

en silenciosa partida

la gloria de la cosecha.

 

Santiago, Patrón de España,

tiene en mi pueblo una iglesia,

soberbios arcos triunfales

recias bóvedas de piedra

donde el tiempo, inútilmente,

sus agudos dientes mella;

a su espalda corre el río

de aguas sonoras y lentas,

romero que va gozando

la frescura de las huertas

de árboles ya centenarios

charolas de hojas tiernas

y raíces torturadas

que surgen a flor de tierra.

 

El santo viste armadura

de plata, donde se quiebra

la luz de las claraboyas

y alza su ferrada diestra

el banderín que Castilla

llevó a todas las peleas.

 

Los indios ven al Apóstol

como algo suyo; veneran

su mandoble toledano,

su moruna barba negra,

el airón de su celada,

su montura y sus espuelas,

porque el santo es campesino;

va en procesión a las siembras

jinete en corcel de luna

y al viento la capichuela

a bendecir los plantíos

con su gallarda presencia.

 

Santiago es ya mexicano;

acude a todas las fiestas

donde ronca el teponaxtle

y las campanas alegran

el gozo de los humildes,

y cuando baja a la feria

es un caballo de espadas

que se lleva las apuestas.

Como es de caballería

también anduvo en la guerra;

fue insurgente, fue chinaco,

le gusta la balacera,

y los indios que lo saben

anualmente lo despiertan

el 25 de julio

con lujo de pirotecnia…

 

Cuando las gentes de campo

se fueron a la revuelta,

también fue SEÑOR SANTIAGO;

se puso la guayabera

sobre el metálico peto

y se terció el 30-30.

 

Cuántas veces con su escudo

desvió la bala certera,

el tajante machetazo

o el golpe de bayoneta…!

 

Cuántas veces, invencible

guió a los suyos por la sierra

huyendo de la emboscada

reptil  entre las tinieblas…!

 

Los indios quieren al  Santo

porque comparte sus penas,

pobres penas de los pobres

urgidos por la miseria,

el hijo que se les muere,

el acreedor que los cerca,

la plaga que se prolonga ,

la cárcel que los espera…

 

Por eso, día con día

su  altar de flores se llena,

el copal lame sus plantas

con aborígenes lenguas,

y los muros encalados

del camarín de su iglesia

mosaicos policromados

de propagandas ingenuas

se decoran con exvotos

para que todos lo sepan;

que es generoso y que puede hacer milagros de veras.

 

Santiago Patrón de España,

conquistador y andariego,

que vino de Compostela,

se ha mestizado en mi tierra.

 

LEYENDAS.- Finalmente no podemos dejar  de mencionar a quienes también su fervor a este Santo, los  ha llevado a escribir magistralmente las leyendas populares y transformarlas con su estilo literario  en bellas leyendas en torno a Santiaguito y que hoy en día han sido merecedoras de importantes premios, como “la Leyenda del Señor Santiago” de Josefina Esparza Soriano, así como la escritora izucarense  Irma Hilda Aguilera Guevara, por lo que cerramos con broche de oro con una de las leyendas que podemos encontrar en Internet de la autoría de otro ilustre izúcarense,  el Licenciado. en Ciencias Políticas y recién graduado también como Licenciado en Leyes , mi estimado amigo Emilio Velasco Gamboa (quien también es autor de las leyendas “El Escultor” y “El túnel de Santo Domingo” ), por lo  que en esta ocasión les invito a leer la leyenda de:

 

EL PUENTE COLORADO

Hay lugares que han sido escenario de momentos muy especiales por los prodigios que en ellos suceden, y si pudieran hablar, ¡cuántas maravillas podrían contar!

Después de la maravillosa llegada del Apóstol Santiago al valle de Itzocan, empezó a cobrar fama su singular aparición y los milagros que concedía a los que se acercaban a él con fe y devoción.

Estas noticias llegaron, por supuesto, al Obispo de Puebla y al Arzobispo de la Nueva España, y hubo un personaje de la alta jerarquía eclesiástica que cuando conoció de esta historia, quedó seriamente impresionado.

Por una parte devoto y por otra, egoísta, pensó: “ Si es verdad que el Apóstol llegó personalmente para quedarse en Itzocan, más que una escultura, deberá parecer una persona. Si esto y los milagros que concede fueran verdad, habría que traerlo aquí y después llevarlo a España porque, evidentemente, es español y no tiene por qué estar entre los indígenas”.

Razonado esto, inmediatamente ordenó a uno de sus colaboradores que se pusiera ropas de viajero y fuera a Itzocan en calidad de incógnito para averiguar todo lo que pudiera sobre el santo.

Ya en Itzocan, el subordinado del alto personaje conoció la historia de la llegada de Santiago Apóstol y pudo comprobar que a la imagen del santo sólo le faltaba respirar y parpadear, pues daba la impresión de que en verdad estaba vivo. La única diferencia con una persona común y corriente era que santo y corcel eran de talla algo más grande que lo normal, pero sólo ligeramente. Fuera de ese detalle, era una cosa prodigiosa.

Por tal razón, el religioso volvió a la capital y le dio sus impresiones a su superior. Éste, ni tardo ni perezoso, le ordenó que preparara una carreta tirada por dos caballos y una cuadrilla de soldados para que cargaran la estatua y, además, la llevaran bien escoltada.

Una vez que llegaron a Itzocan, el sacerdote se identificó ante el párroco como asistente de un alto funcionario de la Iglesia en la Nueva España –“¡Oh! Entonces vos no sois ningún viajero”– y le explicó su misión –“…y como comprenderéis, Padre, mi deber es llevar la efigie de Señor Santiago ante su Ilustrísima”–.

El cura local no quiso replicar, pero sí quiso dejar algo en claro con el alto clérigo aquel: “Estoy de acuerdo si son órdenes de gente cercana al señor Arzobispo, pero os diré que Santiaguito llegó por su voluntad al valle de Itzocan, y si él escogió este lugar para quedarse, es injusto que os lo llevéis. Pero adelante: si son órdenes de vuestros superiores, llevaos al Santo”.

Acto seguido, el religioso y los soldados cargaron al Apóstol y, tras ponerlo en la carreta, partieron con rumbo a Puebla, pero llegando al Puente Colorado –que en esa época estaba ubicado en las afueras de lo que ahora es el pueblo de San Martín Alchichica– sucedió algo muy extraño: aunque los caballos jalaban la carreta, ésta se había detenido y ya no avanzaba.

Pensando en que las ruedas del vehículo se pudiesen haber atorado, los soldados la llevaron unos pasos atrás. Cuando fustigaron a las nobles bestias hacia el Puente Colorado, la carreta se volvió a detener y los soldados tuvieron que repetir la operación, aunque sin éxito.

Así lo intentaron tres o cuatro veces más hasta que, exhaustos, desistieron de su propósito. Uno de los hombres dijo: “¡Qué curioso! Cada vez que vamos a cruzar el puente, se atasca la carreta. O será que el santito se hace pesado para no irse… ¡Ah! Pero eso sí, nos regresamos y entonces sí camina el carruaje… ¡Creo que de verdad no quiere irse el Apóstol!”.

Después de haber dicho esas palabras, se hizo un ominoso silencio y el clérigo decidió intentar el procedimiento por última vez, resultando exactamente lo mismo que en los casos anteriores. “¡Rediez!” masculló, “¡Parece que vos tenéis razón, Capitán! Señor Santiago no quiere que nos lo llevemos de Itzocan”.

Finalmente, regresaron al pueblo y colocaron la sagrada estatua en su lugar y volvieron a la capital de la Nueva España.

“¡Pero por Dios, qué inútiles sois vosotros! ¿Cómo es posible que no hayáis podido traeros al santo?” gritaba colérico el alto funcionario a su comisionado, quien, obviamente, se defendía: “Pero, Vuestra Excelencia… ¡Nosotros lo intentamos varias veces y…!”.

Pero “Vuestra Excelencia” no entendía razones: “¡A callar! ¡Ahora iré personalmente con vosotros y ya veréis si no lo traemos aquí!”. Y así, con el doble de soldados y una carreta más grande y tirada por cuatro caballos, los sacerdotes tomaron camino hacia Itzocan, e inmediatamente que llegaron, “Vuestra Excelencia” –que iba bastante sofocado- explicó sin mayores preámbulos al párroco el motivo de su visita. “¡Vaya! Su Ilustrísima trajo esta vez un mayor número de soldados”, le contestó éste con algo de ironía.

“¡Claro! Como que ésta vez no habrá obstáculos para llevarse al santo ante el Señor Arzobispo!” dijo el alto funcionario ignorando el matiz del cura local, quien volvió a retobar –con una expresión traviesa–: “Perdonará Su Ilustrísima la insolencia de este siervo, pero ya la vez anterior vuestros soldados pudieron comprobar que Señor Santiago no desea que os lo llevéis a ningún lado que no sea esta tierra”.

El alto clérigo contestó muy molesto y alzando la vista al cielo con gesto de impaciencia: “¡Claro que perdono vuestra insolencia, Padre, porque como ministro de nuestra Santa Madre Iglesia no me queda otro remedio! Pero quiero deciros que no creo que Señor Santiago tenga inconveniente en regresar a su lugar de origen… El discípulo de Nuestro Señor Jesucristo era español, ¿no es así? ¡Pues a España deberá ir!”.

Y, de nueva cuenta, los soldados cargaron la efigie de Señor Santiago al carruaje. Así, el sacerdote pudo descubrir que ésta no era en extremo pesada, sobre todo para el tamaño del bridón que le servía de montura al Apóstol. Después, iniciaron el regreso.

Ya de camino, el alto funcionario venía cavilando sumamente impresionado por la figura del Santo Patrono de Itzocan, que, efectivamente, parecía tener vida propia, aun cuando fuera de talla un poco más grande que un ser humano y un caballo ordinarios. En ese momento se fue, literalmente, de boca, rompiéndosela y reventando también su nariz.

Cuando el sacerdote se incorporó del suelo, descubrió que la carreta estaba varada exactamente a la mitad del antiguo Puente Colorado y que el violento frenón lo había lanzado de bruces contra el suelo. “¡Bien decían los lacayos” pensó, pero también se dijo que no iba a permitir que a él le ocurriera eso. ¡No a él!

Acto seguido, ordenó que hombres y bestias tiraran de la carreta, y hasta él –con mucho entusiasmo, por cierto– ayudó a empujar el coche. Pero después de varios intentos y otros tantos minutos de pesado trabajo, decidió dar marcha atrás, de modo que volvieron sobre sus pasos unos metros y tomaron carrera.

Y los ojos y la boca del funcionario se abrieron un buen tanto: La carreta se había atorado justo a la mitad del Puente Colorado y los hombres que no se habían sujetado de algo, cayeron de ella. Para mayor sorpresa suya, los corceles seguían jalando el coche y las ruedas no avanzaban, pese a que seguían girando.

En esta ocasión no fue necesario hacer más intentos de cruzar el puente. Como el ministro católico había visto el fenómeno con sus propios ojos, ahora sí tuvo la certeza de que el santo no quería –en definitiva– irse, sino permanecer en Itzocan. El clérigo sintió la piadosa pero firme mirada del Apóstol clavada en su persona y pareció interpretar su silencioso gesto.

“¡Ca, hombre! ¡Que ya os comprendí, Señor: estáis en todo vuestro derecho! Os voy a llevar de regreso a Itzocan: después de todo, vos escogisteis el lugar. Y si bien soy necio, no soy irrespetuoso. ¡Primero hay que cumplir con los designios del Señor!”.

Y cabizbajo, ordenó que el Apóstol fuera devuelto al sitio del que había sido arrancado. Después, volvió con su escolta a la capital del virreinato.

Sin embargo, dicen que Señor Santiago fue benévolo con el alto funcionario y le concedió algunas gracias por haber respetado su voluntad, y ahí se quedó como Santo Patrono de Izúcar de Matamoros, su querida región que sigue cuidando, venerado y amado por los hijos de la cálida Itzocan, tierra elegida para cumplir los designios de Dios Nuestro Señor.

Hay mucho que contar, sin embargo las palabras se quedan cortas, por lo que aún cuando nos faltan muchas cosas por mencionar   sólo podemos decir que los invitamos a conocer más de nuestras fiestas, sobre todo del fervor que encierra el Señor Santiago Apóstol y que por más de 4 siglos ha protegido y bendecido a Izúcar de  Matamoros.  No se olviden para quienes regresan a la tierra que los vio nacer y para nuestros amigos visitantes, el persignarse con fervor y rodar las espuelas que están colocadas en una mesa de la entrada a mano derecha junto a la escultura pequeña de Santiaguito, por el lugar de la enfermedad que los aqueja o la parte del cuerpo que les duela, una tradición que marca nuestra devoción  a Santiaguito.

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