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Gilberto Bosques.

Gilberto Bosques, el Schindler mexicano

Fue el hombre que instaló el Consulado en dos castillos rentados en Marsella por el gobierno de México.

CHIAUTLA DE TAPIA, Pue.- Gilberto Bosques Saldívar, fue un hombre ejemplar, originario de Chiautla, nacido un 20 de julio de 1892. Estudió en el Instituto Normalista del Estado de Puebla, etapa durante la cual se unió a los revolucionarios, peleando codo a codo con los hermanos Serdán antes del comienzo de la Revolución Mexicana.

Estando como ayudante en la Escuela Primaria “José María la Fragua”, llegó a solicitar un permiso para dejar su labor e integrarse a las filas de un grupo denominado “Voluntarios de San Carlos a la defensa del País”, después de la invasión de tropas estadounidenses en el Puerto de Veracruz en 1914.

Una vez concluida su participación, regresó a la capital para titularse como Profesor Normalista y al mismo tiempo, se unió a las filas de Venustiano Carranza.

Vida política

A comienzos del año 1915 Carranza lo comisionó para la organización de la Nueva Escuela de la Revolución y en 1916, en ese sentido, fue el encargado de organizar el Primer Congreso Pedagógico Nacional, que se llevaría a cabo en Santa Ana Chiautempán en Tlaxcala.

En el año de 1921 fue nombrado Secretario General del Gobierno del Estado de Puebla, cargo en el que durará dos años.

Hombre diplomático

Su participación en la Segunda Guerra Mundial

Transcurría el año de 1939, cuando la República Española cayó y la guerra se cernía sobre el resto de Europa, el presidente Lázaro Cárdenas tuvo que nombrarlo como su Cónsul general en París.

Su misión real fue convertirse en un enviado personal del presidente de México en Europa.

Gilberto Bosques, salió de París cuando la ciudad estaba a punto de ser tomada por los alemanes.

Con amplias instrucciones para establecer el consulado donde le conviniera, viajó primero al sur y después a la costa norte. Restableció el consulado general primero en Bayona, pero cuando los alemanes ocuparon la zona se trasladó con su familia y el consulado entero a Marsella, ahí permaneció durante los siguientes años.

Su misión

Como principal propósito fue defender a los mexicanos residentes en la Francia no ocupada, pero pronto protegió también a otros grupos. Apoyó a libaneses con pasaporte mexicano y a refugiados españoles que buscaban huir de los nazis y del régimen franquista. De hecho, se cree que fue él quien convenció al presidente Lázaro Cárdenas de abrir las puertas de México a los republicanos españoles en 1937.

Era tan grande la afluencia de refugiados que buscaban una visa mexicana que Bosques, alquiló dos castillos (el de Reynarde y el de Montgrand), para convertirlos en centros de asilo mientras se arreglaba su salida hacia México. Entre 800 u 850 fueron alojados en uno de los castillos, mientras que en el otro quedaron 500 niños y mujeres. Poco a poco fueron saliendo los exiliados, a los cuales el Gobierno mexicano les ofreció la nacionalidad mexicana de inmediato en caso de que quisieran adoptarla.

Protección a refugiados antinazis, antifascistas y judíos

Desde Marsella, el diplomático mexicano también tuvo que hacer frente al hostigamiento de las autoridades pro alemanas francesas, al espionaje de la Gestapo, del gobierno de Franco y de la representación diplomática japonesa, que tenía sus oficinas en el mismo edificio de la delegación mexicana.

El cónsul no quedó satisfecho, sin embargo, y amplió su apoyo a los refugiados antinazis y antifascistas. Al concedérsele visas mexicanas, las autoridades francesas los dejaban salir del país porque consideraban que ya no serían un problema político para ellas.

Más complicado fue el caso de los judíos, pues el consulado ocultó, documentó y les dio visas a numerosos judíos, pero era mucho más difícil sacarlos de Francia, dada la persecución por las fuerzas del SS de la Alemania nazi.

Ruptura con el gobierno francés y detenido por la Gestapo

Finalmente México rompió las relaciones diplomáticas con el Gobierno de Vichy. Gilberto Bosques presentó la nota de ruptura. Poco después el consulado fue tomado por tropas de la Gestapo que confiscaron el dinero que la oficina mantenía ilegalmente para su operación.

Bosques, su familia (su esposa María Luisa Manjarrez y sus tres hijos: Laura María, María Teresa y Gilberto Froylán; entonces de 17, 16 y 14 años, respectivamente) además del personal que formaba parte del consulado, 43 personas en total, fueron trasladados hasta la comunidad de Amélieles-Bains.

Su liberación y regreso a México

Bosques regresó a México en abril de 1944. Miles de refugiados españoles y judíos lo esperaban en la estación de ferrocarril de la capital para recibirlo. Una crónica periodística de la época narraba:

Su júbilo zumbaba en el andén de la estación ferroviaria. Lo cargaron en hombros. Era al México generoso y libre al que ellos exaltaban en Gilberto Bosques.

El fin de su carrera diplomática

Tras la guerra, Bosques fue designado embajador de México en Portugal, Finlandia, Suecia y, de 1953 a 1964, en Cuba, etapa donde embajador mexicano pudo convivir con personajes como Fidel Castro, Raúl Castro y Ernesto “Che” Guevara, entre otros.

Fallecimiento

A la edad de 102 años, un 4 de julio de 1995, Gilberto Bosques muere en su hogar acompañado de su gente, hecho que ocurrió en la ciudad de México.

Actualmente a este histórico personaje, se le rinde tributo en varias partes del mundo donde el dejó una huella imborrable debido a la capacidad que tuvo de ayudar a las persona, en su lugar natal, Chiautla de Tapia lugar ubicado en la región de la Mixteca Poblana, se le rinde homenaje, ahí se encuentra un museo donde se refleja, vida, trabajo e historia de Gilberto Bosques.

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